Hoy te estuve recordando, te
estuve pensando.
Me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo y más que nada
también pude ver lo cerca y lo lejos que estamos del pasado,
del ayer bueno y
el ayer malo.
Pasaron por mi mente tantos momentos que juntos hemos vivido,
cada abrazo, cada sonrisa, cada mirada, cada lágrima.
Ha pasado todo y ha pasado nada,
es una ironía que suele suceder, que me suele suceder.
Tengo en mi mente todavía aquella
tarde
en la que tuvimos nuestra primera plática a solas,
pasó por primera vez
el tiempo, tan rápido como cada uno de mis suspiros,
uno de los tantos que he
tenido desde entonces,
de esos que no te das cuenta.
Hoy me estuve recordando,
aquellas
épocas en las que me preguntaba si alguna vez te pasaba por la mente,
las
mismas en las que dudaba si podía llegar a quererte.
En ese mismo instante supe
que ya lo hacía.
Nada fue igual, porque a partir de
entonces no supe dejar de extrañarte.
Traté de que no pasara a un nivel
emocional, pero ya era tarde.
Habías entrado a un lugar difícil de alcanzar en
mi,
y eso que ni siquiera lo querías, ni siquiera lo sabías.
Estabas adentro,
no sé si mucho o poco, pero lo suficiente para hacerme vulnerable.
Noches enteras sin sueño, sin
tener ganas de dormir
pensando en qué pasaría al otro día, cómo portarme
contigo.
Tal vez ese fue mi error, pasar demasiado tiempo imaginando todo lo
que podía suceder,
para que al final ni siquiera te dieras cuenta, una vez más,
del suspiro que me arrancabas al pasar.
-Porque en sueños es el único
lugar donde es libre el hombre.
-Pero ubícate en la realidad
Lo decías con una facilidad que
lastimaba, con una simpleza que calaba,
pero más que nada con una certeza que
mataba mis esperanzas.
Mas justo cuando estaba más hundido, cuando más te necesitaba
en el olvido,
un solo gesto, un saludo, un abrazo, una risa tuya bastaban para
cambiarlo todo.
La distancia nos separó por un
buen tiempo,
era necesario para hacer las cosas más fáciles.
Y así fue, nunca
se me hizo más simple saber que te quería,
tener necesidad de decírtelo.
Nunca,
hasta que me faltaste más de lo normal.
El cariño creció, la fuerza de
nuestros lazos,
la intensidad con que te quería, con que te anhelaba.
El primer beso no se da con los
labios, sino con la mirada,
y aunque tuviera punto de comparación he disfrutado
mucho más las veces
en que por un instante dejamos que sobresalga el silencio entre nosotros
sin poder dejar de verte.
A partir de ahí todo se derrumbó.
Nunca supe qué pasó, ni mucho
menos cómo ni cuándo.
Nunca me di cuenta de haber cometido errores,
pero sin
duda me sentía culpable, tal vez sin razón.
Porque, ¿quién puede culpar a
alguien por querer?
Nadie, ni siquiera tú, ni siquiera yo mismo.
Aprendí entonces que el amor
duele, pero no todo lo que duele es amor.
Aprendí a hacer todo por ti sin
esperar nada a cambio,
ni siquiera un ‘Gracias’, ni siquiera una sonrisa.
Me
bastaba con saber que aunque no lo supieras te estaba ayudando
y lo hacía
desinteresadamente.
Aún así tengo más cosas qué agradecerte
yo a ti.
Porque bien lo sabes, me cambiaste. No fue lo mismo, nunca lo será.
No
estoy seguro si fue a la buena o a la mala, pero me hizo tanto bien,
después de
por supuesto, tanto mal.
Gracias también por enseñarme a
decir te quiero tan fácilmente,
pero sobre todo por enseñarme a sentirlo.
Gracias por hacerme ver otra vez lo difícil que es ser correspondido.
Hoy te estuve recordando, te
estuve pensando.
Hoy me he dado cuenta de que es corto el amor, pero largo el
olvido.
Hoy hice mías las palabras de Neruda, de Benedetti, de los más
sentimentales poetas y escritores.
Hoy las hice mías, así como nunca
pude hacerte mía,
así como no puedo hacerlo ahora,
así como no podré hacerlo
después.