jueves, 11 de septiembre de 2014

Recordando



Hoy te estuve recordando, te estuve pensando.
Me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo y más que nada
también pude ver lo cerca y lo lejos que estamos del pasado,
 del ayer bueno y el ayer malo. 
Pasaron por mi mente tantos momentos que juntos hemos vivido,
cada abrazo, cada sonrisa, cada mirada, cada lágrima.

Ha pasado todo y ha pasado nada, 
es una ironía que suele suceder, que me suele suceder.

Tengo en mi mente todavía aquella tarde
en la que tuvimos nuestra primera plática a solas,
pasó por primera vez el tiempo, tan rápido como cada uno de mis suspiros,
uno de los tantos que he tenido desde entonces, 
de esos que no te das cuenta.

Hoy me estuve recordando, 
aquellas épocas en las que me preguntaba si alguna vez te pasaba por la mente,
las mismas en las que dudaba si podía llegar a quererte. 
En ese mismo instante supe que ya lo hacía.

Nada fue igual, porque a partir de entonces no supe dejar de extrañarte. 
Traté de que no pasara a un nivel emocional, pero ya era tarde. 
Habías entrado a un lugar difícil de alcanzar en mi, 
y eso que ni siquiera lo querías, ni siquiera lo sabías. 
Estabas adentro, no sé si mucho o poco, pero lo suficiente para hacerme vulnerable.

Noches enteras sin sueño, sin tener ganas de dormir 
pensando en qué pasaría al otro día, cómo portarme contigo. 
Tal vez ese fue mi error, pasar demasiado tiempo imaginando todo lo que podía suceder,
para que al final ni siquiera te dieras cuenta, una vez más, 
del suspiro que me arrancabas al pasar.

-Porque en sueños es el único lugar donde es libre el hombre.
-Pero ubícate en la realidad 

Lo decías con una facilidad que lastimaba, con una simpleza que calaba,
pero más que nada con una certeza que mataba mis esperanzas. 
Mas justo cuando estaba más hundido, cuando más te necesitaba en el olvido, 
un solo gesto, un saludo, un abrazo, una risa tuya bastaban para cambiarlo todo.

La distancia nos separó por un buen tiempo,
 era necesario para hacer las cosas más fáciles. 
Y así fue, nunca se me hizo más simple saber que te quería, 
tener necesidad de decírtelo.
Nunca, hasta que me faltaste más de lo normal.

El cariño creció, la fuerza de nuestros lazos,
 la intensidad con que te quería, con que te anhelaba.

El primer beso no se da con los labios, sino con la mirada, 
y aunque tuviera punto de comparación he disfrutado mucho más las veces
en que por un instante dejamos que sobresalga el silencio entre nosotros 
sin poder dejar de verte.

 A partir de ahí todo se derrumbó.

Nunca supe qué pasó, ni mucho menos cómo ni cuándo. 
Nunca me di cuenta de haber cometido errores,
pero sin duda me sentía culpable, tal vez sin razón. 
Porque, ¿quién puede culpar a alguien por querer? 
Nadie, ni siquiera tú, ni siquiera yo mismo.

Aprendí entonces que el amor duele, pero no todo lo que duele es amor. 
Aprendí a hacer todo por ti sin esperar nada a cambio, 
ni siquiera un ‘Gracias’, ni siquiera una sonrisa. 
Me bastaba con saber que aunque no lo supieras te estaba ayudando 
y lo hacía desinteresadamente.

Aún así tengo más cosas qué agradecerte yo a ti. 
Porque bien lo sabes, me cambiaste. No fue lo mismo, nunca lo será. 
No estoy seguro si fue a la buena o a la mala, pero me hizo tanto bien, 
después de por supuesto, tanto mal.

Gracias también por enseñarme a decir te quiero tan fácilmente,
pero sobre todo por enseñarme a sentirlo. 
Gracias por hacerme ver otra vez lo difícil que es ser correspondido.

Hoy te estuve recordando, te estuve pensando. 
Hoy me he dado cuenta de que es corto el amor, pero largo el olvido. 
Hoy hice mías las palabras de Neruda, de Benedetti, de los más sentimentales poetas y escritores.


Hoy las hice mías, así como nunca pude hacerte mía, 
así como no puedo hacerlo ahora, 
así como no podré hacerlo después.

No hay comentarios:

Publicar un comentario